Entrevista a Fito: “Hay algo de vértigo, pero ahora viene la recompensa de los conciertos”
Es muy probable que no sepas quien es Adolfo Cabrales, pero a quien seguro has oído es a Fito. Líder de los
Fitipaldis, su banda desde la extinción de Platero y tú, Adolfo ya hace tiempo que no es Adolfo (”sólo me llaman
Adolfo cuando hago algo mal”), y también hace tiempo que se ha ido colocando, pasito a pasito, en la primera línea
del panorama musical nacional. Hoy saca su sexto disco de estudio: Antes de que cuente diez, con diez temas
inconfundiblemente made in Fito.
Fito le firmaría autógrafos hasta a las macetas. En el cortísimo camino del hall del hotel hasta su habitación es
tímidamente asaltado por varios empleados que le piden una firmita. Para mí hija, dice uno; para mí, para mí, dice
el otro. Fito firma y hasta se marca una auto-caricatura, y charla. Queda claro que le encanta el contacto con la
gente.
Después de cinco discos, en una trayectoria claramente ascendente culminada en la gira con Andrés Calamaro, llega el
sexto. ¿Es un momento de vértigo?
Sí, claro que hay vértigo. A partir de ahora es justo cuando llega el vértigo. Porque cuando estás haciendo las
canciones, cuando estás en casa con la guitarra, tocando, probando, es algo que llevas haciendo desde hace 20 o 30
años… ahí todavía no existe nada, no hay disco. No tienes la sensación de que lo va a escuchar nadie. Pero ahora,
ahora que llega el disco, es diferente, sobre todo por todo lo que pasa a tu alrededor, y por cómo tu entorno te
acaba haciendo partícipe. Se te contagian un poco los nervios, las expectativas.
En la primera canción dices: “No voy a sentirme mal si algo no me sale bien, he aprendido a derrapar y a chocar con
la pared”
Es que también tengo muy claro que a mi disco yo ya no le pido nada. Lo que me queda son los conciertos, que son la
recompensa.
Y la promoción… ¿cómo se lleva esto de tener que ir explicando por ahí qué es tu disco?
No voy a decir que lo que yo soñaba cuando me compré la primera guitarra era hacer promoción [risas]… Aunque la
verdad es que me siento afortunado de hacer un trabajo y poder explicárselo a la gente. Si no tuviera ganas de
contar que acabo de hacer un disco y que estoy emocionado, pues quizá no lo haría. Lo que pasa es que sí, que tengo
ganas de hablar.
En otra canción dices “Qué necesario es el rock’n'roll”… ¿por qué motivo?
Es curioso… porque la gente tiende a pensar que las canciones se escriben con una motivación clara, y no es
siempre así. El hecho de sentarse a escribir, muchas veces, no tiene nada de trascendental. Es luego, al final,
cuando le puedes dar un sentido a la canción. Al menos en mi caso, que soy más de ir juntando frases. En esta
canción lo que quería decir es que el rock’n'roll lleva mucho tiempo siendo quizá más noticia por la literatura de
los escándalos, las drogas, etc, que por la música en sí. Evidentemente, la parte estética engancha, eso está
claro… pero sin olvidar que lo importante de Keith Richards no son sus pintas, sino los treintaytantos discos que
ha grabado. De ahí que diga qué necesario es el rock’n'roll, que prescindible el cuero.
Hablando de componer y escribir… ¿tú cómo funcionas?
A mí me resulta mucho más fácil tener músicas que tener letras. También es cierto que lo que más trabajas es lo que
más frutos da, no hay ningún misterio… El hecho de tocar y hacer músicas para mí es algo divertido, incluso
relajante. No necesito meterme en una burbuja: estoy en casa, igual viendo una peli, y estoy con la guitarra. Y
quizá sale algo. En cambio no me sale estar hablando con alguien y apuntando cosas. Afronto muy fácil coger una
guitarra pero me da miedo ponerme delante del papel. ¿El resultado cuál es? Que siempre tengo más músicas que
letras…
¿Qué canción de las diez que componen el disco no te dejarías robar? ¿Cuál te gusta más o le tienes más cariño?
Pues es difícil, porque cuando sólo grabas diez canciones… te acabas encariñando con todas. Además fue una
elección propia. Elegí diez cosas para trabajar, no es que tuviéramos 15 temas y recortáramos, no. Me pareció una
buena fórmula tener diez, porque así se controlan mejor. De la otra manera, ¡a veces ni siquiera uno mismo se sabe
los títulos!
¿Y qué me dices de la última canción, la que cierra el disco? Es instrumental, se llama “La cocina de Bernard”…
¿de dónde sale ese título?
El ponerle título a una canción instrumental es complicado… pero es que además en este caso no tenía ni idea de
cómo ponerle a la canción. Y Bernard era el cocinero que teníamos en el estudio de grabación, allí en Francia.
Cuando llegamos nos servía bastante comida hervida… hasta que un día le dijimos: “Oye, Bernard, ponnos aquí algo
como Dios manda, ¡que somos de Bilbao!” Y nada, a partir de ahí, cambió radicalmente. Lo más impresionante es que en
un mes que estuvimos allí nunca, jamás repitió un plato. Y la verdad es que le veo una similitud a la canción:
empieza como tristona, como hervida… y luego se alegra, le entra la proteína. Además, que nos pareció gracioso
dedicarle una canción a alguien tan importante en tu vida como el cocinero [risas].
Otra costumbre de tus discos, además de incluir siempre una canción instrumental, es hacer una versión. Esta vez de
El Lichis, que además se va de gira contigo…
Hacer versiones me parece divertido., y muy rockero. El rock’n'roll de los 50, los 60, siempre hacía versiones. Lo
que no me gusta es que me las encarguen, le rompe la magia. El rollito de estar con la guitarra, jugando… eso es
lo bueno. La canción de El Lichis [Todo a cien] siempre me había gustado, y aquí está.
¿A quién le compras discos?
Pues me pasa una cosa muy curiosa cuando voy a comprar discos… y es que acabo siempre comprando casi lo mismo, los
mismos artistas. La verdad es que tampoco consumo demasiada música en castellano, pero por ejemplo me encanta
escuchar el último disco de Sabina, o de Drexler, o de Rosana. Si escucho música es castellano es sobre todo por los
textos.
¿Cómo ha sido grabar por primera vez con músicos estadounidenses, y de trayectoria tan bestia [Pete Thomas en la
batería, Andy Hess al bajo]?
Pues al principio es la caña, porque viene el productor y te propone esos nombres, y… Pero claro, por otra parte,
está el problema de la comunicación. El líder de una banda, como es mi caso, tiene una tarea muy importante que es
la de hacer piña, equipo, y cuando el idioma es una barrera… Eso sí, tocando con esos dos cracks nos entendíamos a
las mil maravillas.
Y así se va Fito, encantado de hablar de sí mismo, de su disco, y de lo que se le ponga por delante. Antes de que
cuente diez se pone hoy mismo a la venta, con diez temas y varias opciones de compra: por un lado, el CD + DVD de
regalo, con el último concierto de la gira Por la boca vive el pez y más extras; por otro, la edición especial con
lo mismo, en formato de lujo, más las partituras del nuevo disco y un libro de 64 páginas con un reportaje
fotográfico de la grabación.













































